jueves, 6 de enero de 2011

Paradoja de Zenón aplicada a la intervención social.

Cuando se habla del impacto en la intervención social respecto a sus públicos, es común que se haga referencia a las trayectorias que hacen los sujetos respecto a líneas de avance establecidas previamente por los programas. Es así como, se dice, por ejemplo: el impacto de la intervención debe medir la trayectoria de un punto “A” a uno “B”. Lo que olvidan las personas que así se expresan, es la lógica paradojal en que suelen (des) encontrarse ambas partes.

Si traemos al caso la vieja paradoja de Zenón de Elea, -esa que se refiere a la carrera entre la tortuga y Aquiles- es posible apreciar la trayectoria (y finalmente la intervención social) de una forma distinta: Aquiles es el interventor que le da ventaja al intervenido, éste con la ventaja obtenida acaba manteniendo siempre una ventaja puesto que el espacio es, en última instancia, infinito.

¿Qué representa esa ventaja dada por el interventor a su público?.

Esa ventaja representa los hándicaps de ambos actores: por una parte del interventor respecto a su público y, por otra parte, el público respecto a la intervención ofertada. En este sentido, interventor y público dan forma a una lógica (una forma de ver, al decir de Teresa Matus), en que jamás se encuentran y, sin embargo, se complementan y corrigen.

¿Qué utilidad tiene esta anécdota?.

Tal vez solamente separar eso que parece unido: sujeto y objeto a la vez que decir: la intervención no es ni Aquiles ni la tortuga sino el movimiento infinito de la mente de quien observa esa relación.

Ángel Marroquín Pinto
Magíster en Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile

miércoles, 5 de enero de 2011

La frontera más pobre de Europa

El gobierno griego planea construir una alambrada de más de 12 kilómetros a lo largo de parte de su frontera con Turquía como un intento de frenar la inmigración ilegal.
El ministro de Orden Público, Christos Papoutsis, justificó la polémica medida al afirmar que más de 100.000 personas han cruzado ilegalmente la frontera desde Turquía.

El despliegue de Frontex ha reducido en un 44% el número de personas que cruzan ilegalmente la frontera.
Papoutsis aseguró que Atenas "no va a tolerar más" la situación. Para ello, lanzó el proyecto de cubrir con una alambrada una pequeña parte de la línea fronteriza en la zona de Orestiada, en el noreste del país.
La agencia fronteriza europea Frontex calculó que, para octubre de 2010, un promedio de 245 personas cruzaban ilegalmente ese límite cada día. La zona se ha convertido en una de las principales rutas hacia Grecia desde África y Asia.
La comisaria europea de Interior, Cecilia Malmstroem, calificó los números de "dramáticos".
Sin embargo, las autoridades europeas afirman que las vallas y las alambradas fronterizas son sólo una "medida de corto plazo" que no va al fondo del problema.
Vallas similares existen en otras lugares del mundo, por ejemplo en partes del extenso límite entre Estados Unidos y México.

"Le hemos dejado claro a Grecia que el país necesita una reforma estructural y de largo plazo, además de medidas para mejorar la gestión de sus fronteras", dijo Michele Cercone, portavoz de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión Europea (UE).
El Partido Comunista Griego ha calificado el plan de "inhumano e inefectiva".

Por su parte, la organización no gubernamental Human Rights Watch recordó al gobierno de Atenas que la medida no lo exime de su obligación de proteger a los refugiados.
El ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Ahmet Davutoglu, dijo que por el momento su país tratará de recabar más información sobre el proyecto griego.
Fuentes oficiales calculan que un 90% de los inmigrantes que entran ilegalmente a la UE lo hacen a través de Grecia.
En noviembre, Frontex desplegó en Orestiada 175 especialistas en control de fronteras para tratar de ayudar al país heleno a manejar la situación.
Según Frontex, la medida ha supuesto una caída de un 44% en el número de personas que consiguen cruzar el límite griego.

martes, 4 de enero de 2011

ACTAS: Congreso Bicentenario de Filosofía

A continuación presentamos las actas electrónicas del Congreso Bicentenario de Filosofía, actividad que se llevó a cabo durante los días 10, 11 y 12 de Noviembre de 2010 en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. En este Congreso, organizado por el Departamento de Filosofía y sus estudiantes, participaron más de 70 expositores de diferentes universidades, reunidos en torno a las más diversas temáticas atingentes a nuestra disciplina.

En estas Actas damos a conocer los textos de las ponencias presentadas en el Congreso, durante sus tres días, en orden alfabético según el apellido de su autor
. (más)

viernes, 17 de diciembre de 2010

Programas sociales de bajo costo.

Producir servicios sociales de calidad a bajo costo es la utopía de cualquier organización sin fines de lucro, especialmente en un mercado cada vez más competitivo y bajo la égida de una crisis económica que no hace sino reducir el apoyo de los donantes y obligarnos a ser cautos.

En estos momentos, difíciles por cierto para todos, es cuando la equivocación y las malas decisiones campean vestidas de soluciones milagrosas ofreciendo recetas seductoras. Una de las más socorridas soluciones destinadas a entregar servicios a bajo costo ha sido, para algunas instituciones, el voluntariado.

Incorporar voluntarios a programas sociales, considerando que es una opción que ayuda a reducir los costos de la producción de servicios es tentador y, por lo mismo, peligroso.

¿Qué sucede cuando se adoptan estrategias como el voluntariado sin considerar factores de gestión de los mismos?.

La historia termina mal y las consecuencias suelen ser desastrosas.

Una organización del tercer sector no cuenta con otro patrimonio que le sea más caro que su reputación y su capital simbólico asociado. Cuando se incorpora a voluntarios indiscriminadamente, como suele ocurrir con organizaciones pequeñas y con escaso financiamiento, se pone en juego nada más y nada menos que ese exiguo y siempre disputado capital.

Es por ello que se suele considerar la inclusión de voluntarios como una medida que se aplica una vez que la organización cuenta con la madurez necesaria, con valores afianzados y atractivos que compartir con personas que, voluntariamente, desean ser parte de la misión institucional. En cierta medida componer un grupo de voluntarios es una medida del orgullo que la organización comparte con invitados seleccionados.

Tal vez el ámbito clave al momento de mejorar la calidad de los servicios sociales ofertados a los destinatarios sea, finalmente, y como en muchos otros campos de la vida cotidiana, la modestia y el cuidado.

Ángel Marroquín Pinto
Magíster en Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile

Equipos de trabajo y stress.

Tal vez uno de los casos más sintomáticos y que ilumina la paradoja que entraña el producir programas sociales de calidad a bajo costo, sea el que afecta a equipos de trabajo que se desempeñan en ambientes de alto rendimiento.

Cuando se lee con atención –y con intención, por cierto-, el párrafo precedente, uno no puede dejar de pensar en centros de urgencias de salud, como postas y hospitales. A pesar de ello no deja de ser curioso que no pensemos con la misma rapidez y claridad respecto a los servicios denominados “sociales”.

¿Por qué motivo esto no ocurre?

Si se visita los servicios sociales de cualquier municipio o repartición estatal en general, es posible, a simple vista, observar largas filas de desamparados en situaciones, si no de vida o muerte, sí de emergencia. Sin discutir qué se puede entender (y categorizar) por emergencia social y qué situación no lo es para estas oscuras entidades, me parece que la cuestión más candente tiene que ver con la calidad de las prestaciones que se requieren a fin de desplegar un servicio capaz de “hacer algo” frente a emergencias y bajo presión, es decir, cuando los servicios profesionales son demandados en contextos de alto rendimiento.

Así como las personas no van a un puesto de emergencia de salud para recibir aspirinas o palabras de conmiseración, así tampoco los seres humanos que acuden a la oficina de asistencia social esperando recibir cualquier atención. Esperan, justamente a mi juicio, una solución ‘humana’ a sus problemas.

Para responder a una emergencia es preciso saber qué la origina. En el origen de toda atención social se encuentra la “cuestión social” (Netto, 1992); así como en cualquier emergencia de salud se encuentra la muerte. En ambos casos asoma algo irrenunciable y consustancial: la imposibilidad de algunos oficios a la vez que su épica, sin embargo, es necesario ofrecer una respuesta ante la emergencia, de alguna forma, prometer.

Es en este punto es donde se concentra gran parte el “mal entendido” entre los interventores y sus públicos: la promesa queda implícita en la atención, se evita decir qué es lo que se puede hacer y qué, definitiva y tristemente, no se puede hacer.

Si sabemos qué podemos esperar, también sabremos qué recibir. Tener claridad sobre eso, en primer lugar, podría evitar que personas se acerquen a los servicios sociales esperando recibir un milagro y no servicios humanos brindados por humanos.

Esta determinación (entre lo que se puede hacer y lo que no se puede prometer), podría significar el primer paso para avanzar en responder con intervenciones de calidad a emergencias en contextos de alto rendimiento.

Un avance, en este sentido es posible dimensionarlo en programas que se enfrentan por lo general a situaciones límite tomando decisiones bajo presión. Casos como los que enfrentan las OPD y otros programas asociados a temáticas, por ejemplo, de ESCI (Explotación sexual comercial infantil), resultan esclarecedores a la vez que paradigmáticos.

Ángel Marroquín Pinto
Magíster en Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile

jueves, 16 de diciembre de 2010

Enfoques contemporáneos en Trabajo Social

Trabajo Social ocupa una posición en la sociedad determinada desde el campo de acción profesional (quienes son los trabajadores sociales, qué hacen, donde se ocupan) y las atribuciones que las instituciones y sus clientes le asignan. Pero ello no es todo. Trabajo Social, como profesión de lo social, ha de portar un discurso y un proyecto de sociedad el cual disputar en la discusión sobre los desenlaces del desarrollo económico en sociedades en proceso de modernización y crecientemente desiguales (BAUMAN, 1999). Se trata de un discurso crítico que hace emerger aquello y a aquellos que han sido excluidos y desaparecidos de los escenarios públicos de lo que existe .

La crítica en Trabajo Social se ejerce en el mundo de las prácticas sociales, desde un modo de ver hacia un modo de hacer (MATUS, 2001); así, la posición de Trabajo Social en la sociedad se funda en el desde donde se hace Trabajo Social. No es la pregunta por el donde, sino desde donde (el mirar) el que nos hace llegar a la propuestas críticas contenidas en los enfoques contemporáneos de Trabajo Social y las diversas perspectivas políticas en que se expresa.

Nuestra premisa es que cada enfoque contemporáneo contiene un eje político que refiere a la posición de Trabajo Social en la sociedad, es decir, el modo de mirar otorga al colectivo de trabajadores sociales un campo de levantamiento de una crítica y un proyecto de sociedad que debatir en sus prácticas sociales, a la vez que estas prácticas sociales (no cualquier práctica, sino aquella práctica) le posiciona en un espacio social público de contraposición con otras posiciones.

Desplegaremos en las siguientes columnas algunos argumentos a favor del politeísmo en Trabajo Social esperando desincentivar las visiones unidimensionales y aquellas nacidas desde un cierto metodologísmo disciplinario. Seguiremos el siguiente orden lógico en el despliegue argumental: (I) Elementos sintéticos del contexto social complejo en el que se sitúan y actúan los enfoques en Trabajo Social Contemporáneo, (II) Señalaremos y desarrollaremos los contenidos críticos más relevantes de dos enfoques contemporáneos en Trabajo Social: el enfoque anti-opresivo y el enfoque hermenéutico, y, finalmente (III) señalaremos algunos puntos de acuerdo identificados en este ejercicio argumentativo.

I

Con el advenimiento de nuevos escenarios en lo social, aquellos en que la tensión entre modernidad y modernización resulta crucial, la nueva cuestión social es el clima en que se disputan las intervenciones sociales (ROSANVALLON, 1995; FITOUSSI, 1998), la emergencia de la complejidad y su reducción apuntan a dar respuestas de calidad (LUHMANN, 2000), lo social se vuelve polisémico, se asienta en el lenguaje y sus expresiones concretas -reactivas a viejas y reduccionistas formas de abordaje y de comprensión- se vuelven opacas y difíciles de descifrar. Ya lo “social” no responde a una llamada única sino que hoy son múltiples las voces que pretenden nombrarlo.

Ante este espectáculo, las prácticas sociales son reelaboradas y repensadas en una pluralidad representativa capaz de “hacer justicia” a la complejidad de la trama social que da origen a ella. Las fronteras del Trabajo Social no son geográficas sino epistémicas. Es así como Trabajo Social contemporáneo comparte con otras disciplinas el campo social, la incidencia en diversos programas sociales, políticas públicas e intervenciones sociales.

Es en este último campo en el que se concentran las más consistentes demandas que diferencian a Trabajo Social de otras disciplinas, a la vez que le plantean desafíos específicos. Uno de ellos tiene que ver con la lógica en que se comprenden las políticas sociales y las intervenciones sociales inscritas en ellas. Para Matus, existirían algunas paradojas de las políticas sociales que deben asumir y enfrentar las intervenciones sociales a fin de lograr posicionarse con éxito en los escenarios contemporáneos:


(MATUS, Teresa 2009)

Uno de los requisitos que se le demanda a la intervención social bajo estas paradojas está dado por establecer umbrales de consistencia operacional, es decir: “establecer una red de formas mensurables que aclaren en qué sentido y a través de qué modelos operacionalizables de diseño, gestión y evaluación, esto se llevará acabo” (MATUS, 2009:243). La respuesta a este requerimiento pasa, necesariamente por señalar el o los enfoques del proceso de intervención. Resulta claro que un resultado específico no puede ser alcanzado por cualquier enfoque y que además responden diferenciadamente a lo que entienden por intervención social.

Entonces cuando se señala que: “el futuro se juega en el como”, se apunta a que no da lo mismo el enfoque en intervención social. Profundizar en cada uno de ellos, en sus diversos componentes (ético, político, estético, conceptual), es una tarea ardua y extensa, no es menos preponderante y urgente ante la extrema complejidad de los nuevos escenarios en que se despliega la intervención social.


II
Tal vez el año 1900 fue el año de la hermenéutica: muere Nietzsche el 25 de agosto; Husserl publica el primer volumen de sus Investigaciones lógicas y Freud publica la Interpretación de los sueños. Tres formas de encarar la cuestión de la interpretación, tres campos que se abren con obras fundamentales, sin embargo, no será sino con la aparición de Dilthey y su estudio sistemático de la hermenéutica, desde Lutero hasta Schleiermacher, que no se inaugura una vía metodológica propia para ella (GRONDIN, 2000).

Uno de los más grandes aportes de Dilthey consiste en haber legitimado, en Alemania, la autonomía metodológica de la hermenéutica y plantear, a su vez, los dilemas internos que, posteriormente, buscarán desentrañar tanto Heidegger como su discípulo Gadamer.

Los clásicos, entonces, se vieron enfrentados al relativismo histórico –y al clima cultural de fines del siglo XVIII-, y respondieron abriendo caminos a investigaciones posteriores. El problema del nihilismo (Nietzsche); la crisis (Husserl); el malestar en la cultura (Freud) y la seguridad metodológica garantizada (Dilthey).

Con la publicación en año 1903 de los Principhia Ethica de G.E Moore, se inicia el giro lingüístico analítico. Este acontecimiento filosófico determina un antes y un después en la relación lenguaje-pensamiento .

Con el acceso del último Husserl al público francés, se originó un desarrollo de la hermenéutica existencial (Heidegger), pero también un re-descubrimiento del primero (y contraposición con el segundo en muchos aspectos), especialmente a través de Derrida y Lévinas. En Francia se funde el horizonte hermenéutico alemán con el psicoanálisis lacaniano. Este es el clima en el que se escribe hermenéutica en Francia y en el que ésta desembarca en el mundo de las ciencias sociales en general y el Trabajo Social en particular.

El enfoque hermenéutico define a Trabajo Social como una disciplina simbólica cuya eficacia, por lo tanto, es simbólica (AUTÈS, 2005: 241) y que actúa en lo social (AUTÈS, 2004: 16). Estas afirmaciones portan consecuencias no sólo respecto al estatus epistémico de la profesión, sino que también para su ejercicio político.

Es necesario poner atención a la sentencia que afirma que Trabajo Social no se ocupa en personas “naturales”, dado que ello implicaría conceder un estatus único al ser humano y, por lo tanto, obviar las diversas representaciones que lo involucran y aluden; en fin, significaría un reduccionismo inapropiado e inadecuado ante la complejidad de lo que tratamos. Esto tampoco quiere decir que la persona sea "borrada”, sino que se pretende señalar que nos movemos en una realidad donde lo simbólico es eminente como principio explicativo en la “organización” del mundo: “À l’inverse, d’autres théories accorderont au symbolique une place de premier rang dans les facteurs explicatifs de la réalité. Ainsi, les formes symboliques qui organisent le monde, les cultures, les valeurs, peuvent tour à tour jouer le rôle de principe explicatif” .

Lo social exige interpretación. Por lo tanto es falsa cualquier dicotomía entre lo “real” y lo “simbólico”, ambos se hayan enlazados en la trama del mundo con el que trata Trabajo Social, por lo tanto –y en sintonía con el giro lingüístico en filosofía- nos encontramos en un enfoque que no cuenta con un estatus de sujeto, sino mas bien con estructuras gramaticales que se funden en lo simbólico (D´AGOSTINI, 2000).

La identidad de las personas emanan de las categorías en que se semantice – el peso del discurso- la palabra contiene posibilidades de apertura a posibilidades, de cierre por estigmatizaciones. Los públicos de Trabajo Social se hayan situados en el cruce de semánticas en que se mezclan lo psíquico y lo social, por lo tanto, la semántica para el enfoque hermenéutico, es tratada con el estatus de evidencia; de ahí que el campo de recolección de esta evidencia sea el discurso y no algo como lo conocido como “el terreno”, “la calle” o “los barrios deprivados”. Un simbólico corresponde a una interrogante que demanda un trabajo interpretativo que desnaturalice su sentido, es decir la lógica de producción y reproducción social del significado. El lenguaje es el campo de batalla en el que se disputa el significado, por lo tanto la lógica estigmatizadora es también una reiteración, una ausencia.

Por otra parte “ellos” –los objeto de política, de asistencia, los “pobres solventes” (KARSZ, 2007)- son llamados a través de discursos estigmatizadores y lógicas de control particulares y asociados a un “orden” que hace inteligible esta conminación, por lo tanto, la forma en que se les nombra, no sólo resulta sintomática sino que también denota una manera de representación simbólica que debe, ser deconstruída por el Trabajador Social hermenéutico. He aquí el potencial político de Trabajo Social.

Este tratamiento de la “evidencia” no cuenta con la importancia capital que representa la cuantificación de “casos estadísticos”, la representación mera y sumariamente numérica, sino la cualidad, la semantización del real-simbólico-imaginario. Esto quiere decir que gramatizar- en el sentido de detectar la regularidad, el orden del discurso-, lo social cobra relevancia por cuanto obedece a una lógica discursiva que expresa la cualidad estigmatizadora, el hándicap, la falla y su saber demarca un tipo de relación política de Trabajo Social: “Le savoir mobilisé, l`expérience accumulée, peuvent servir de repère dans la politique (….). Cette part étant beaucoup plus r´duite pour les pratiques politiques” .

Desde el punto de vista político, para los autores que adscriben a este enfoque, el campo de disputa de lo social posee dos grandes deslindes: 1) el campo social en que se actúa y que se intrinca con la subjetividad propia . 2) El campo disciplinario no queda limitado por el cómo se lleva adelante la práctica: “Lo mismo que en otros campos, en el del trabajo social la cuestión estratégica del cómo hacer no agota en absoluto la cuestión radical del por qué hacer, para quién, contra quién” (KARSZ, 2004:17).

El trabajo político se funde en un horizonte donde encuentra correspondencia con la subjetividad del trabajador social, por lo tanto, una práctica emancipadora encuentra su centro, en este enfoque, en la deconstrucción de las viejas categorías, en la circulación de otras capaces de configurar nuevas realidades donde: “Entendamos entonces que trabajo social ocupa un lugar preciso y precioso en la reproducción de las relaciones sociales, en la economía objetiva del capitalismo y en la economía subjetiva de sus destinatarios y de sus agentes” (KARSZ, 2004:41) y en una experiencia trágica: el dilema de Antígona.


Las prácticas Anti opresivas en Trabajo Social reconoce las divisiones sociales y las inequidades estructurales que se dan en la sociedad y generan formas de discriminación y opresión en contra de categorías sociales diversas: raza, género, edad (DOMINELLI, 1998). Hermanada con las prácticas post-estructuralistas (Trabajo Social Activista, HEALY, 2001), las prácticas anti opresivas nos colocan frente a prácticas emancipadoras orientadas al cambio social y a la justicia social. “The critical practitioner questions dominant social constructions, resists or challenges oppressive constructions and seeks hidden certainties in social constructions that inhibit people´s self-empowerment” .

Las prácticas anti opresivas buscan reducir los efectos devastadores que las diferencias estructurales generan en la vida de las personas, relevando el proceso y el resultado en la apuesta por el empoderamiento de ellas (DOMINELLI, 2002).

Desde el punto de vista político, para los autores que adscriben a este enfoque, el campo de disputa de lo social ofrece al trabajador social formas de análisis de la opresión que evidencian para el cómo lo privado se vuelve público y cómo su rol es llevar a la agenda pública los sufrimientos personales de sus usuarios: 1) un análisis socialmente terapéutico, declarando que el daño psíquico en las personas es producto de un trauma social provocado por un sistema opresor. Hablamos entonces de un daño social al cual debemos prestar atención desde la clave de identidades dañadas por un sistema opresor. 2) Un análisis emancipador, sabiendo que las formas de discriminación son históricas y traspasan generaciones. Es clave para Trabajo Social ser consciente –una vez más- de que no tiene frente a sí solo a un individuo natural con nombre, apellido y dirección, sino que tiene frente a sí una categoría social desventajada, discriminada y golpeada por un sistema de desigualdades estructurales que viene en marcha desde hace siglos sellando en ella un legado de agravio al cual la práctica anti opresiva debe remecer y confrontar: llevar a cabo una práctica transformacional (ADAMS, DOMINELLI Y PAYNE, 2002).

La opción por trabajar con categorías sociales que refieren a diversidades estigmatizadas por la sociedad es, junto a los puntos señalados en el párrafo anterior, otro trazo que dibuja el eje político de las prácticas anti opresivas: legitimar la diversidad. De esta manera, las prácticas anti opresivas albergan bajo este titular una serie de enfoques emancipadores, como el feminismo o el anti-racismo, que se vinculan en la crítica a la influencia significativa que la raza, la clase, el género, la orientación sexual o la edad ejercen sobre las inequidades de poder y de privilegios que se albergan en el seno de la sociedad capitalista. No se trata, para este enfoque, de cualquier tipo de inequidad, ni de cualquier sociedad: hablamos del sistema de relaciones discriminatorias y desiguales que la sociedad capitalista estructura en desmedro de las categorías sociales diversas.

Llegamos a otro trazo importante del eje político anti opresivo: lo privado se convierte en público (CARNIOL, 2000). El sufrimiento, el agravio o el trauma social por la discriminación de, digamos una mujer negra, no es un asunto que le competa solo a ella, y es labor del trabajador social anti opresivo develar la fuente de esta opresión para si mismo, para esta mujer y disputar por su colocación en la agenda pública. Esta operación de desnaturalización de la discriminación nos invita a profundizar dos aspectos: 1) el enfoque anti opresivo exige a Trabajo Social un autoconocimiento de los prejuicios que, como profesión y sus individuos, portan y ayudan a re-producir las estructuras de opresión y discriminación; 2) exige también conocer y entender los diferentes grupos sociales y sus culturas, lo que solo puede hacerse en el marco de análisis críticos del sistema social. De esta manera, Trabajo Social puede desafiar y confrontar las estructuras de opresión y discriminación en un nivel interno y societal (DALRYMPE Y BURKE, 2005).

La diversidad, la diferencia, es campo de disputa política por su inclusión o su exclusión, por dotarle de existencia pública o enviarlo a las sombras de lo inexistente. Se disputa su legitimidad y su derecho a ciudadanía (ADAMS, DOMINELLI Y PAYNE, 2002)



III

A partir de lo expuesto en los apartados I y II podemos concluir señalando dos grandes áreas de confluencia entre ambos enfoques en torno a su concepción de lo político como campo de intervención en Trabajo Social:

1. Ambos comparten una visión de sociedad compleja, donde el ejercicio de la profesión se encuentra imbricado en la trama política, aún cuando el ejercicio delimita campos de acción diversos.

2. Ambos desafían las estructuras que dominan las explicaciones de lo social y abogan por su desmantelamiento (re-nombrar / transformar).

3. Para ambos enfoques, los usuarios son portadores de -discursos /categorías- que hablan a través de ellos y que deben ser interpretados por el Trabajador Social.

4. Para ambos enfoques, el trabajador social está íntimamente “puesto” en la intervención social: con sus prejuicios, su inconsciente, su cultura, su gramática, con su posición. Se trata de prácticas declaradamente políticas.

5. Ambos enfoques exigen al trabajador social un exhaustivo conocimiento de la realidad social y su consiguiente análisis crítico. Como señala Saúl Karsz desde el enfoque hermenéutico: “Nunca se insistirá lo suficiente: lo errático de la práctica responde a extravíos teóricos; carecer de conceptos es tan grave como carecer de personal competente, de equipamientos adecuados y de presupuestos suficientes… Si se quiere obrar de otra manera es imprescindible poder pensar de otra manera”

Es dable señalar que Trabajo Social contiene el potencial ya sea de contribuir a las formas de discriminación, estigmatización y exclusión existentes, ya sea de criticar y transformar aquellas a través de prácticas fundadas en escenarios complejos.

De estas múltiples opciones se desprende la dimensión política emancipadora de la disciplina en cada uno de los enfoques señalados. Después de todo, no da lo mismo desde donde hacer Trabajo Social, y esta elección es uno de los ejercicios políticos fundantes del trabajador social contemporáneo.


Carla Petautschnig
Trabajadora Social UTEM
c Magíster en Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile


Bibliografía

AUTÈS, Michel. LES PARADOXES DU TRAVAIL SOCIAL. Edition Dunod, Paris, 2005.
ADAMS Robert, DOMINELLI Lena, PAYNE Malcom. CRITICAL PRACTICE IN SOCIAL WORK. Palgrave. UK. 2002.
BAUMAN, Zygmunt. LA GLOBALIZACIÓN: CONSECUENCIAS HUMANAS. Fondo de Cultura Económica. Mexico, 1999.
GRONDIN, Jean. HANS-GEORG GADAMER. UNA BIOGRAFÍA. Herder. Barcelona, 2000.
KARSZ, Saül. PROBLEMATIZAR EL TRABAJO SOCIAL. DEFINICION, FIGURAS, CLINICA. Gedisa, Buenos Aires, 2007.
MATUS, Teresa. INNOVAR EN CALIDAD: CONSTRUCCIÓN DE UN MODELO DE CERTIFICACIÓN DE CALIDAD PARA PROGRAMAS SOCIALES.
MATUS, Teresa (Coordinadora). LA REFORMA MUNICIPAL EN LA MIRA. IDENTIFICANDO MUNICIPIOS PRIORITARIOS EN LA REGIÓN METROPOLITANA. Octubre 2007.
MATUS, Teresa. HACIA UNA INTERVENCIÓN POLIFÓNICA: PROPUESTAS CONTEMPORÁNEAS PARA TRABAJAR LO SOCIAL. Editorial Espacio Buenos Aires. Argentina 2001.
ROUDINESCO, Elisabeth; PLON, Michel. DICCIONARIO DE PSICOANÁLISIS. Paidos, Buenos Aires 2007.
SERNA, Julián. ONTOLOGÍAS ALTERNATIVAS. APERTURAS DE MUNDO DESDE EL GIRO LINGUISTICO. Anthropos. Barcelona. 2007.

Accountability conceptual

Rara vez los programas sociales dan cuenta de aspectos que les son sustanciales, como por ejemplo, el estatus del sujeto al interior del curso de acción que compone el programa.

Este déficit, sin embargo, impide llevar adelante un tipo de accountability que se exprese en algo distinto a “las cuentas claras” o a una cierta participación, más teatral que efectiva, de los usuarios en los programas.

A pesar de esta opacidad conceptual, en ciertos ámbitos de intervención social, los programas poseen –aún cuando lo ignoren o no lo quieran hacer explícito-, una respuesta ante la pregunta: ¿Cuál es el tipo de sujeto al que se dirigen?. En este sentido el déficit conceptual implícito y explícito, no hace sino dejar en evidencia una práctica interventiva inconsistente y, por lo mismo, ciega y peligrosa, especialmente para aquellos que enfrentan mayor riesgo ante intervenciones sociales incontroladas: los llamados usuarios.

Captar el lugar conceptual desde el que se funda la intervención social no sólo resulta gravitante respecto a la noción de sujeto que porta el programa y los efectos que de ello se desprenden necesariamente, sino que también en relación a conceptos como la capacidad del programa para responder a través de indicadores consistentes a los requerimientos de los stakeholders y a los usuarios en general.

En este sentido los indicadores resultan ser la expresión real de una dimensión que es siempre conceptual, por lo que calibrar los conceptos usados, es siempre una forma de actuar sobre los indicadores a través de un cierto tipo de mensuración.

¿Por qué es importante resaltar el estatus del sujeto en la intervención social que se lleva adelante a través de programas sociales?.

Porque la intervención social se constituye como un acto de –y en- lenguaje, al decir de Teresa Matus: “la intervención social es una gramática, una forma de ver que se plasma en un hacer particular”, por lo tanto, la efectividad de la intervención se juega, finalmente, en la eficacia simbólica del nombrar al otro, al usuario, al sujeto y por lo tanto se constituye en una forma de dar cuenta de la relación sujeto-objeto. En distinto decir que: “el programa se orienta a trabajar con DES empleados, DE lincuentes o DES afiliados”. En estas tres afirmaciones se juega algo más importante que una simple declaración, “se juega la efectividad del programa y el estatus del sujeto a través de ellos. Cuando se trabaja desde la falta, como en el caso del uso de la partícula DES, se sitúa los sujetos en una relación de desproporcionalidad ante un tipo de intervención social específica”.

Ángel Marroquín Pinto
Magíster en Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile

miércoles, 15 de diciembre de 2010

En busca de un equivalente funcional en Luhmann para el concepto de Integración Social.

Existen conceptos capaces de crear realidades de carácter total. Esta característica totalizante se expande y proyecta a través de dispositivos de intervención específicos hasta que es acosado por ciertas interrogantes, ciertas preguntas apremiantes, capaces de imponer, en ocasiones, otros conceptos igualmente totalizadores.

Uno de estos conceptos es el de integración social. Desde Durkheim es posible hablar de una sociedad total que se impone a los actores sociales promoviendo mecanismos de integración de éstos a la sociedad, pero ¿es el tipo de sociedad que pensó Durkheim el que nos impele hoy en día?, ¿es sostenible en la actual sociedad un concepto de integración social total?, ¿son aptas las intervenciones sociales que dicen apuntar a la integración social viables en la sociedad actual? El problema de la integración social se inscribe al interior de los debates relativos a la sociedad moderna en razón de los diversos paradigmas políticos que participan de él: el comunitarismo (Kimlicka), el liberalismo (Rawls), el socialdemócrata (Habermas), el neoconservadurismo (Hayek) y el posmoderno (Lyotard). Cada uno de estos enfoques apunta, entre otros temas, a dar respuesta a la cuestión de la integración social.

Es tal vez Niklas Luhmann uno de los teóricos contemporáneos que se impone en el debate (originado en el concepto de integración social), debido a la originalidad de su planteamiento y a la fertilidad que ofrece su perspectiva. La distinción luhmannianana inclusión/exclusión no sólo es una aplicación de la distinción sistema/entorno sino dos caras de una distinción que explican los procesos al interior de un tipo de sociedad funcionalmente diferenciada.

En lo que sigue nos proponemos describir brevemente el planteamiento generado por Luhmann en torno a la distinción inclusión/exclusión enfatizando que es el paso de un tipo de sociedad estamentaria a una funcionalmente diferenciada lo que señala la emergencia desde un concepto de integración social totalizante a uno de inclusión/exclusión más bien paradojal donde las ideas tradicionalmente asociadas a la democracia como libertad, igualdad y fraternidad más bien parecen quedar ancladas en una semántica humanista que en lugar de cimentar y proyectar respuestas a la integración social, más bien la debilitan y relativizan. Finalizaremos con algunas preguntas abiertas que intentan guiar reflexiones futuras.

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I. Integración en sociedades pre-modernas: la noción de integración y exclusión total.

¿De qué manera alguien está incluido o excluido?: ¿como ser humano, como asalariado, como consumidor, como ciudadano? Las ideas democráticas por excelencia, tales como libertad, equidad y derechos humanos, los cuales resuenan emparejados con conceptos tales como inclusión, ciudadanía e integración, sufren de una falta de claridad conceptual cuando son usados para describir realidades sociales complejas y específicas.

El tema de la unidad de una sociedad diferenciada ha ocupado la tarea de los teóricos sociales de manera recurrente. Durkheim hizo del concepto de solidaridad el fundamento de su respuesta al problema de la homogeneidad de las partes que componen sistemas diferenciados, es decir, su integración. Luhmann señala que “el concepto de integración acompaña a la teoría de la diferenciación, por así decirlo, en la sombra, conservando un status conceptual poco claro” (Luhmann, 1998:168).

A partir de la creciente diferenciación social, las posibilidades de integración de los sistemas sociales son bajas (Rodríguez y Arnold, 1991). De esta manera, el pensamiento luhmanniano concibe los conceptos de inclusión y de exclusión relacionados con el formato de diferenciación social. Son definidas las maneras de diferenciación como normas para la repetición de las diferencias de inclusión y exclusión en la sociedad, pero al mismo tiempo, son formas que se presuponen que toman parte en la diferenciación y sus reglas de inclusión, sin ser también excluidos de ella.

En este sentido, cobran relevancia ambos lados de la distinción, tornándose la inclusión la forma que adquiere la formación de sistemas dentro del sistema (Luhmann, 2007:171). La inclusión, por lo tanto, se refiere al modo y manera de indicar en el contexto comunicativo a los seres humanos o sea, tenerlos por relevantes (Luhmann, 2007).

De acuerdo a Luhmann, es pertinente hablar de inclusión si hay exclusión (la inclusión como la cara interna de una forma, cuya cara externa es la exclusión). Únicamente la existencia de personas o grupos no integrables hace visible la cohesión social y hace posible especificar las condiciones para ello. Pero también, en la medida en que las condiciones de inclusión se especifican como formas de orden social es posible denominar el caso opuesto de los excluidos (Luhmann, 2004).

La inclusión y la exclusión adquieren formas diversas según el modo de diferenciación de la sociedad. Las condiciones de inclusión serán covalentes con la estructura dominante de diferenciación de la sociedad. Así dentro de sociedades segmentadas, estratificada y funcionalmente diferenciadas encontraremos diferentes condiciones de inclusión. Es así que en sociedades segmentarias la inclusión de la persona ocurre mediante su inserción en un segmento determinado (la familia, por ejemplo): la inclusión está estrictamente regulada, por ejemplo, a través de las reglas del matrimonio. En la transferencia hacia otra tribu se efectúa la exclusión del propio segmento, pero es prácticamente imposible sobrevivir fuera de la sociedad, es decir, fuera de los segmentos (Luhmann, 2007).

En el caso de las sociedades estratificadas, es la pertenencia al estrato el que especifica la pertenencia a la sociedad; dicha pertenencia al estrato se efectúa mediante el tronco familiar de origen (Corsi, Espósito y Baraldi, 1996); en cierta medida el estrato estabiliza quien es digno de participar en la comunicación y quien ha de ser tratado de forma diferente. La inclusión va por un carril paralelo al de la ubicación social de la cual un individuo deriva su estatus social y su “individualidad”. Al mismo tiempo, la regulación inclusión/exclusión permanece situada en el nivel segmentario de las familias: siempre se pertenece a un determinado estrato como miembro de una familia particular y no como individuo. Por lo tanto, la inclusión dentro de un estrato particular presupone siempre el ser parte de una familia. De la misma manera, ser excluido de los lazos familiares significa de inmediato la exclusión del estrato social, dentro del cual se nació como parte de una familia.

En ambos tipos de sociedad descritas por Luhmann (2007), segmentadas y estratificadas, las demarcaciones de la inclusión y la exclusión coinciden con las fronteras entre individuos. En este sentido, ambos tipos de sociedad apoyan lo que Braeckman llama “the principle of full inclusion (and full exclusion): an individual or a person either is a full member of the societal subsystem (family or state) or is completely left out. In any case, the individual never has any significance by itself; it always derives its social meaning from the subsystems to which it belongs –or from the fact that it lacks such a social embedding” (Braeckman, 2006: 18).


II. Integración en sociedades funcionalmente diferenciadas: la distinción luhmanniana inclusión/exclusión.

Con la diferenciación funcional de la sociedad moderna, ingresan otros presupuestos sobre la participación en la comunicación que restan relevancia a las diferencias de rango de la estratificación, de esta manera, “la inclusión moderna encuentra sus correlaciones semánticas en los postulados de la libertad y de la igualdad (…) sin embargo todavía no dicen mucho sobre la estructura que determina la inclusión y la exclusión” (Corsi, Espósito y Baraldi, 1996: 93).

Si bien la inclusión/exclusión continúa siendo determinada por los subsistemas sociales –ahora sistemas funcionales- los límites de la diferenciación societal está vez se ligan al individuo el que ahora participa de varios subsistemas, es decir, al mismo tiempo y el mismo individuo participa como votante, consumidor, estudiante, músico amateur, en el sistema político, el económico, el académico y el de las artes (Braeckman, 2006). Se vuelve imposible asignar individuos exclusivamente a un sistema. Los sistemas funcionales no excluyen individuos ni grupos, si bien el acceso a cada sistema está condicionado por pre-condiciones determinadas por el mismo sistema, éstas no excluirían a nadie a priori. Contrario a la estratificación pre-moderna todos los individuos tienen acceso a todos los sistemas funcionales. La sociedad confía la inclusión social a la regulación autónoma de los sistemas funcionales.

Para su estructura de inclusión, la sociedad moderna ha desarrollado correlatos semánticos, principalmente desde el siglo XVIII las nociones de libertad e igualdad, conceptos con los que la sociedad expresa la general accesibilidad a los sistemas funcionales (Luhmann, 1998, 2007). Estos conceptos simbolizan la inclusión universal (Allinklusion). El posterior desarrollo desde el siglo XVIII hasta nuestros días de las nociones de libertad. Igualdad y derechos humazos por parte de intelectuales y teóricos sociales ha dado lugar a descripciones de la sociedad que sueña con una total inclusión sin exclusión.

Luhmann observa una lógica totalitaria es este hecho, señalando el uso ideológico de la tríada libertad, igualdad y derechos humanos (Luhmann, 2007). Se trataría de una lógica que comprende la distinción inclusión/exclusión como un antagonismo y que por tanto tiende y fomenta la inclusión del “individuo” a la “sociedad”, a través de la supresión de las formas de exclusión. Desde esta lógica totalitaria todas las exclusiones son entendidas sistemáticamente como problemas residuales, siendo interpretadas de esta forma y volviéndose incapaces de cuestionar la lógica totalitaria (Luhmann, 2007). De esta manera, los correlatos semánticos de la libertad y de la igualdad dan cuenta de la imprevisibilidad de las inclusiones y de sus consecuencias. Con la igualdad de los presupuestos para contactar con los específicos sistemas funcionales y la libertad de decisión con respecto a dicha toma de contacto, no se alude a otra cosa sino a que desigualdades o condicionamientos del uso de la libertad sólo pueden justificarse si parten del respectivo sistema funcional mismo (Luhmann, 1998: 177).

La sociedad funcionalmente diferenciada se caracteriza por producir y tolerar desigualdades extremas en la distribución de bienes y servicios (Luhmann, 1998: 180), en ella son cada vez más los excluidos y cuentan cada vez con menos recursos. Simultáneamente aquellos incluidos: introducen formas de estabilización, las cuales, aprovechando parasitariamente las oportunidades ofrecidas por estos ámbitos de prestación, crean característicos mecanismos de inclusión y exclusión para mantener en pie este entramado (Luhmann, 2004:180).

Esta paradoja inclusión/exclusión es constitutiva de la estabilidad estructural en las sociedades funcionalmente diferenciadas. Como señala Clarisa Hardy respecto a la realidad de América Latina, los indicadores sociales en los diversos países de Latinoamérica nos revela actualmente que la década pasada constituye un punto de inflexión con respecto al pasado inmediatamente anterior y las sociedades experimentan, con distintas velocidades y avances dada la heterogeneidad de los países de la región, un proceso de tránsito desde la exclusión social a la integración desigual (Hardy 2003:270).

Para las sociedades funcionalmente diferenciadas, es característico que el individuo ya no es definible por la inclusión, sino exclusivamente por la exclusión (Luhmann, 2007). En la modernidad, el individuo cae fuera de la sociedad: su punto de partida es uno de exclusión y no uno de inclusión (Luhmann, 2007).En este momento, por lo tanto, la inclusión se vuelve un problema. Como se planteaba anteriormente, el individuo como tal ya no pertenece a la sociedad, y su relación con ella se cuestiona. Para Luhmann este es el origen de la “naturaleza trágica” de la relación entre individualidad moderna y sociedad (Luhmann, 1998b).

Desde una visión luhmanniana, señala Braeckman, el paso de una sociedad segmentario y/o estratificada a una funcionalmente diferenciada envuelve la situación estándar de cada individuo de no estar (totalmente) incluido, sino (parcialmente) excluido (Braeckman, 2006). Tal constatación traería consigo dos consecuencias principales:

(1) el problema más apremiante ya no son las causas de la exclusión –siendo de todas formas la exclusión el punto de partida- sino las posibilidades y limitaciones de la inclusión;
(2) se vuelve más claro que el ámbito de la integración social no coincide con el problema de la inclusión social, y que, a la inversa, desintegración social no debería estar relacionada de manera directa con la exclusión.

Para graficar lo anterior, podemos tomar el ejemplo señalado por Luhmann en su libro La Sociedad de La Sociedad: el asilo, el hospicio, las correccionales, el nuevo régimen penitenciario funciona en el modo indicado: todos aquellos que no “encajan” en la sociedad (“dentro” de la sociedad) son expulsadas de ella y son localizados en un dominio de exclusión, si bien esta ocurre bajo el pretexto de su rehabilitación: en la forma de una inclusión (Luhmann, 2007).


III. Algunas conclusiones sobre las aportaciones de la distinción inclusión/exclusión a la manera de pensar la integración.

El corpus teórico de Luhmann permite distinguir un concepto de inclusión que no requiere ni pide ninguna clase de imperativo moral, en este sentido, se diferencia del concepto de integración pre-moderno, que supone que lo moralmente positivo –para la sociedad y las personas que la componen- es la integración social. Por otra parte, el concepto de inclusión en Luhmann no excluye la exclusión como factor componente de la inclusión, cosa que ocurre en el concepto de integración, como cuando se habla de índices de integración o desintegración social, por ejemplo.
La complejidad de los actuales contextos de intervención social hace referencia, entre otros elementos, a una sociedad funcionalmente diferenciada (Luhmann, 2007) en la que la inclusión no puede, ni podrá, ser alcanzada de manera total y completa. Contrario a ello, la semántica de la política social parece empeñarse en la integración (o alguno de sus múltiples sinónimos) como promesa a los destinatarios de su oferta.

Si pensamos, por ejemplo, en los programas sociales actuales, podríamos señalar que una tensión sustantiva parece atravesar la nueva generación de políticas de protección social legada por la pasada década de los noventa: incluir en complejos contextos de exclusión. Como analizan Larrañaga y Contreras: la reforma de las pensiones no modifica el régimen de las pensiones contributivas, ni las entidades que administran los fondos previsionales; la reforma de la salud no supone una distribución interna de cotizaciones ni modifica la estructura de la salud privada; la subvención preferencial no altera los mecanismos de elección y competencia en el sistema educacional (Larrañaga y Contreras, 2010: 16).

Ante este escenario, ¿sería posible plantear que las políticas sociales están construidas en torno a una semántica de integración social al modo descrito por Luhmann?, es decir aquel constructo conceptual y valórico que, emanado a partir de conceptos como igualdad y libertad, indican y promueven la accesibilidad universal a los sistemas funcionales; y si esto es así ¿qué consecuencias trae para la política social y para la intervención social?. En suma, al concluir el recorrido por algunos de los planteamientos luhmannianos para el tema en cuestión, nos preguntamos por las posibilidades de comprender la problemática de in-exclusión social desde la lógica luhmanniana contenida en la distinción inclusión/exclusión y cómo ello daría forma a intervenciones sociales con nuevos rendimientos en escenarios sociales complejos, como el de una sociedad funcionalmente diferenciada con altos índices de desigualdad.

Si bien no pretendemos responder estas preguntas en las posibilidades de este texto, si sería posible señalar que la teoría de sistemas de Niklas Luhmann se presenta como una lógica teórica pertinente para la observación de fenómenos complejos, entre ellos lo concerniente a las preguntas por la inclusión y la exclusión social. Como señala Darío Rodríguez: el interés de la teoría luhmanniana se encuentra en la pregunta por otras posibilidades, no actualizadas, pero que podrían haberlo sido y en los equivalentes funcionales que podrían ofrecer soluciones comparables a un mismo problema (Rodríguez en Luhmann, 1997: xiii).

De esta manera, la distinción inclusión/exclusión (Luhmann, 1998; 2007) puede ser propuesta como equivalente funcional de la integración social para, desde este nuevo lugar teórico, adentrarnos en nuevas formas de ver, pensar y nombrar intervenciones sociales.
Carla Petautschnig
Trabajadora Social
UTEM
C Mágister en Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile

BIBLIOGRAFIA

Corsi, Giancarlo, Esposito Elena y Baraldi Claudio. Glosario sobre la teoría social de Niklas Luhmann. Editorial Anthropos/Universidad Iberoamericana. México. 1996.
Braeckman, Antoon, 2006. Niklas Luhmann´s systems theoretical redescription of the inclusion/exclusion debate. En: Philosophy Social Criticism 2006. Vol 32 No 1. Pags. 65-88. Recuperado de http://psc.sagepub.com/cgl/content/abstarct/32/1/65 con fecha 22/09/2010.
Hardy, Clarisa (Editora), 2004. Equidad y protección social. Desafíos de Políticas Sociales en América Latina. Ediciones LOM. Santiago de Chile.
Larrañaga, Osvaldo y Contreras, Dante, 2010. A ocho años de su inicio ¿qué hacer con Chile Solidario? En: Grupo de Política Social. Año 2 / No. 3 / Junio 2010
Luhmann, Niklas, 1997. Organización y decisión. Autopoiesis, acción y entendimiento comunicativo. Editorial Antrophos. Barcelona.
Luhmann, Niklas. 2007. Sociedad de la Sociedad. Editorial Herder, Universidad Iberoamericana. México D.F.
Luhmann, Niklas. Observaciones de la modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna. Paidos ediciones. Barcelona España 1997.
Luhmann, Niklas, 1998. Complejidad y Modernidad. Trotta, Madrid.
Rodríguez Darío y Arnold, Marcelo. Sociedad y Teoría de Sistemas. Editorial Universitaria. 1era Edición. Santiago, 1991.

Acerca del Catastro fotográfico de la inmigración en Chile.

Una de las primeras cosas que se les enseña a quienes desean ser adiestrados en el oficio de fotógrafo, es esta: “los retratados son siempre capturados desde un lugar”, es decir, desde un concepto. En este sentido, en la fotografía, al igual que en otras muchas ciencias del hombre, no hay espacio para la casualidad, el azar, ni mucho menos para la ingenuidad.

Tristemente esta es una de las herencias más nefastas y maravillosas que nos legó la llamada “edad de la razón”. Convivir con esta falta de ingenuidad parece ser nuestro sino y también aquello que más nos diferencia de los sencillos animales. Es por ello que renegar de la razón es negar lo más propio del hombre, es, en cierta medida, como negarse a asirse del último madero en un naufragio (cosa que puede sonar poética por cierto, pero que a fin de cuentas señala la opción entre la vida (como un hombre) y la vida (como un animal).

Fin del preámbulo.

Cuando, por primera vez, vi el libro Catastro fotográfico de la inmigración peruana en Chile, me sucedió como a muchos: aplaudí la iniciativa y me pareció que mostraba una realidad soslayada de los discursos oficiales acerca de la inmigración peruana en Chile. En términos generales, me pareció apropiado y bello el formato.

Con el pasar de los días mi opinión se fue nutriendo de eso que llaman algunos “rumia mental” y, tras conversaciones con amigos, conocidos y especialistas, decidí escribir una columna acerca de lo que me parecía el concepto del libro.

Volviendo al preámbulo, el concepto en el que se centró mi atención dice relación con algo que vengo sosteniendo hace algún tiempo: “la inmigración (peruana, ecuatoriana, colombiana, árabe etc.), no es un asunto de los inmigrantes, sino que le corresponde, le concierne, le atañe, a la sociedad de acogida en su conjunto”.

Cuando se escucha a las autoridades políticas y/o a los funcionarios subpolitizados referirse a la cuestión inmigratoria, hacen eco de lo que se podría denominar: un discurso “externo”, donde la inmigración si bien suele ser vista como un “aporte” a la sociedad de acogida, no es menos cierto que este aporte es sólo una externalidad positiva, es decir, algo pintoresco, folclórico, que oculta temporalmente la verdadera dimensión de la inmigración: la explotación económica y sexual, el trabajo desregulado y, finalmente, la discriminación abierta y/o soterrada.
Lamentablemente suelen ser las propias organizaciones que representan (y/o dicen representar) a inmigrantes las que potencian esta perspectiva exclusiva y exclusivista, donde cada “país” oferta a la sociedad de acogida sus particularidades y donde las perspectivas más críticas son ocultadas por la fiesta costumbrista permanente, simulando una cierta y cómica apertura cosmopolita “a la chilena”. Do it the chilean Way.

Disponer de un cambio de paradigma respecto a esta cuestión (que a mi juicio es finalmente la Diversidad y no la inmigración de tal o cual país hacia Chile sobre la que es preciso poner la atención), resulta fundamental para pensar y proponer estrategias de políticas públicas en las que el otro (mapuche, inmigrante, personas con opciones sexuales diversas, niños, niñas etc) sean considerados, no como ocurre en este libro fotográfico: Extranjero, Otro, Inmigrante y/o finalmente Extraño; sino como un ciudadano con derechos en cualquier lugar del mundo, más allá del circunstancial hecho de haber nacido o encontrase residiendo en un país distinto.

Este libro y lo que me parece (al decir de Víctor Orellana), su “retorica victimaria” de origen catolizante, es un ejemplo paradigmático de la ceguera conceptual, de la estrechez teórica y, finalmente, de una cierta la mala fe, producida y promovida por ciertos emprendedores sociales más interesados en potenciar y mantener la particularidad de sus emprendimientos (que los economistas llaman ventajas comparativas), que en luchar y cambiar el lugar desde el que son percibidas las personas, llámense inmigrantes, mapuche, discapacitados, niños etc.

De todas formas me alegra saber que lo que sucede en la calle no es lo que ha captado folclóricamente el fotógrafo (tristemente light), sino que más bien, nos ha mostrado su propia debilidad conceptual: una cierta inclinación a la “poética sobre el inmigrante”, sin embargo, aquellos que continúan lucrando con la desgracia, aquellos que ven y promueven la pobreza (y la “retórica victimaria” porque ese es su negocio, aquellos que románticamente proyectan una idea edulcorada (y al decir de Lemebel, “buena onda”, del Inmigrante encerrándolo en su getho turístico o pintoresco, ellos son quienes están tras este concepto solipsista del inmigrante.

Las cosas pueden ser siempre peores. He sabido que el Municipio de Santiago, a fin de evadir su responsabilidad política y técnica para y/con los inmigrantes, ha decidido tercerizar los servicios sociales hacia ellos a través de una ONG Catolizante, evitando y negando con ello la posibilidad de configurar una política local seria.

¿Qué es peor?.

Elija usted.

Ángel Marroquín Pinto

Imposibilidades del asistencialismo.

Una de las muchas imposibilidades que persiguen al Trabajo Social es la del asistencialismo.

Esta práctica es definida por sus muchos y variopintos detractores como: “una forma de asistencia donde el destinatario es meramente un receptor de algún producto que se le da bien, servicio, subsidio” (…) “se hace mucho hincapié en que el asistencialismo crea una clara situación de dependencia del individuo o grupos que lo reciben, que no promueve la dignidad, el desarrollo de proyectos, etc”. (MARGEN)

¿Es posible que se piense que existe alguna situación en la que las personas pierdan, de tal forma, su independencia? o, planteado de otra forma, ¿es posible suponer que las instituciones adquieren poder de control sobre las personas, a tal punto, que se vean transformadas estas en cosas “pasivas” y sin voluntad?.

A mi juicio el asistencialismo es un rótulo, una etiqueta que no hace sino ocultar un cierto déficit conceptual que lo produce. Rótulo quiere decir una reducción -extremadamente grave- más aún cuando es propagada por aquellos que llevan adelante prácticas sociales en contextos no reductibles.

La asistencia, entendida como origen del “ismo”, ha seguido un curso político, ético, conceptual y, sobre todo, epistemológico que es muy difícil de soslayar. Desde las prácticas caritativas propugnadas por la Iglesia Católica, pasando por el Estado de bienestar, hasta la actualidad, es posible observar un crescendo de prácticas de asistencia cada vez más sofisticadas conceptual, teórica y técnicamente.

¿Desde donde emerge pues el prurito asistencialista?.

Sin dudas se plantea, al menos desde dos dimensiones: 1) una dimensión política, que asocia las prácticas asistencialistas a “lo contrario” a lo que se podrían denominar, intervenciones vanguardistas, revolucionarias, libertarias etc. A quienes sostienen esta postura se les puede señalar que existen prácticas vanguardistas que no por eso dejan de ser conservadoras. De todas maneras, una práctica asistencialista no está necesariamente originada en un paradigma político concreto.

En segundo lugar, y mucho menos extemporáneos suenan quienes llaman asistencialistas a las intervenciones que: “ofrecen a las personas, cosas que ellas no pueden rechazar”, es decir, que actuarían “coptando” a las personas y anulando su voluntad.

Lamentablemente las cosas no resultan sencillas cuando no se las quiere simplificar.

La intervención social es siempre y bajo todo punto de vista, una oferta. Asumir radicalmente este presupuesto quiere decir que las personas siempre (mal que les pese a quienes pretenden salvar a las personas a través de acciones de caridad, burocracia organizada o emprendimientos sociales tipo ONGs) pueden SIEMPRE decir No.

El asistencialismo es, a mi juicio, una forma de solipsismo institucional, es decir, es una práctica más cercana a las instituciones y que especialmente atañe a sus concepciones teóricas, que a lo que sucede a las personas con las ofertas que se les hacen.

Negar que las personas puedan elegir entre lo que poseen (que nunca es nada) y lo que desean, es negar el motor principal del cambio en la sociedad y en las personas.

Si algo hace a las personas, personas, es justamente su libertad y si algo hace a las instituciones son sus limitaciones íntimas, entre las que habita el llamado mito asistencialista.





Ángel Marroquín Pinto
Magíster en Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile

lunes, 6 de diciembre de 2010

jueves, 2 de diciembre de 2010

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pobreza en América Latina cae en 2010 y retoma tendencia pre-crisis

(30 de noviembre, 2010) La pobreza y la indigencia en América Latina caerán en 2010 gracias a la vigorosa recuperación económica que muestran este año la mayoría de los países de la región, según un informe de la CEPAL dado a conocer hoy.
El
Panorama social de América Latina 2010, presentado en Santiago de Chile por la Secretaria Ejecutiva del organismo, Alicia Bárcena, proyecta que la pobreza y la indigencia disminuirán 1,0 y 0,4 puntos porcentuales en relación a 2009, cuando la región sufrió el mayor impacto de la crisis financiera internacional.
De esta forma, se espera que 32,1% de los habitantes latinoamericanos permanezcan en situación de pobreza y 12,9% en la indigencia en 2010, lo que representa 180 millones de pobres, de los cuales 72 millones estarían en situación de indigencia, retornando los niveles similares anotados en 2008.
El informe de la CEPAL destaca que a pesar de las fuertes repercusiones que la crisis tuvo en la región, en 2009 la pobreza sólo aumentó un décimo de punto porcentual (de 33,0% a 33,1%). En consecuencia, existe optimismo en que la región estaría retomando la tendencia a la reducción de la pobreza que despegó en 2003.
"Los países de la región muestran una resiliencia en las variables sociales que no se había registrado en crisis precedentes", dijo Bárcena.
En la mayor parte de los nueve países estudiados en el informe, la pobreza bajó. Por ejemplo, de 2008 a 2009 descendió en Brasil (de 25,8% a 24,9%), Paraguay (de 58,2% a 56%), República Dominicana (de 44,3% a 41,1%) y Uruguay (de 14% a 10,7%).
Este porcentaje también bajó entre 2006 y 2009 en Argentina (de 21% a 11,3%) y Chile (de 13,7% a 11,5%).
En cambio, la pobreza aumentó de 2008 a 2009 en Costa Rica (de 16,4% a 18,9%) y Ecuador (de 39% a 40,2%). En México la pobreza también subió (de 31,7% en 2006 a 34,8% en 2008).
El documento agrega que la combinación entre el aumento en los ingresos laborales de los hogares pobres y las transferencias públicas orientadas a aminorar el impacto de la crisis permitió reducir la desigualdad en la región. Asimismo, la distribución del ingreso se mantuvo estable en 2009, por lo que el balance neto de los últimos siete años sigue siendo positivo para la mayoría de los países.
El Panorama social de América Latina entrega además un análisis de cómo la desigualdad se reproduce a lo largo del ciclo de vida de las personas, especialmente entre su nacimiento y los 29 años de edad.
Sociedades más igualitarias en general son, según el informe, las que apuestan más fuerte por logros y aprendizajes educacionales para todos los grupos sociales. La educación es, por tanto, uno de los factores principales que permite revertir estas desigualdades de origen (familiar o territorial) e igualar las oportunidades de bienestar y productividad para el conjunto de la sociedad.
Mientras que en promedio 49% de los hombres y 55% de las mujeres de 20-24 años han completado su educación secundaria, en zonas rurales esas cifras sólo alcanzan a 26% de los hombres y 31% de las mujeres, y entre jóvenes indígenas a 22% y 20%, respectivamente. Según la CEPAL, esto demuestra con dramática elocuencia la reproducción intergeneracional de la exclusión y la desigualdad.
"Para cerrar brechas de desigualdad en la región es importante que los gobiernos adopten un enfoque de economía generacional, lo que proporciona una visión integral y de largo plazo", indicó Bárcena.
Aunque en América Latina se verificó entre 2002 y 2009 una importante caída de la pobreza infantil, ésta continúa afectando proporcionalmente más a los niños y adolescentes que a otros grupos de la sociedad.
El documento muestra que la persistente desigualdad presente en los países se debe a la alta concentración de la pobreza en las primeras etapas de la vida, el alto peso de las transferencias familiares hacia la infancia y el mayor peso de las transferencias públicas hacia las generaciones adultas, combinado con la baja eficacia de los sistemas educativos para revertir desigualdades de origen.
El documento agrega que en América Latina los gobiernos cumplen un rol limitado en el financiamiento del consumo de niños y jóvenes (sólo 21%), a diferencia de lo que ocurre en economías desarrolladas en donde el Estado comparte con la familia esta responsabilidad (aporta el 45%). Por ello, es importante aumentar las transferencias públicas hacia el ciclo de vida infanto-juvenil.
La noticia auspiciosa es que el gasto público social creció fuertemente entre 1990 y 2008, en términos absolutos (de 445 a 880 dólares por persona) y relativos (de 12,3% a 18,4% del PIB). Esto es fundamental para apoyar el cierre de brechas en distintas etapas del ciclo de vida de las personas.
Frente a la reciente crisis internacional, los gobiernos adoptaron políticas oportunas para evitar un impacto más negativo sobre la pobreza y el empleo. Entre las políticas específicamente orientadas a la lucha contra la pobreza destaca la expansión de los Programas de Transferencias Condicionadas (PTC), que benefician a 20% de la población latinoamericana y caribeña en claras condiciones de vulnerabilidad.
Para combatir la reproducción intergeneracional de la desigualdad y la exclusión en las etapas formativas, la CEPAL propone tres tipos de medidas a lo largo del ciclo vital de las personas: un esquema de transferencias monetarias a los hogares con hijos de 0 a 14 años que mejoren las oportunidades de las familias de contar con un entorno adecuado para la socialización del niño (nutrición, vivienda, vestimenta); el financiamiento de políticas que cubran los costos corrientes de incorporar a quienes no están cubiertos por servicios educativos y de cuidado (0 a 17 años); y finalmente, otro conjunto de transferencias monetarias relacionadas con los servicios de empleo y formación que se orienten directamente a los jóvenes en procesos de emancipación a la vida adulta (15 a 24 años).
Para plasmar tales medidas, el informe simula un sistema de transferencias condicionadas en términos de costos (como porcentaje del PIB) para los distintos países de la región, con el fin de apoyar, en la población vulnerable (indigentes, pobres y cercanos a la pobreza), la nutrición y salud, la estimulación temprana y acceso a educación preescolar, el apoyo en progresión educativa y la conclusión de la secundaria.
Los resultados indican que se obtendrían ganancias muy significativas en la reducción de la pobreza, incluso de hasta 25 ó 30% en algunos países como Guatemala y Nicaragua, mientras que en naciones con mayor desarrollo social (como Uruguay y Chile) la disminución sería aún más importante, alcanzando cerca de las dos terceras partes de la pobreza actual.
Ver gráfico adjunto. América Latina: evolución de la pobreza y la indigencia, 1980-2010
Ver presentación de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL

La CEPAL describe metodología para medición de la pobreza en Chile en 2009

(1 de diciembre, 2010) El enfoque básico que emplea la CEPAL para la estimación de la magnitud de la pobreza parte de identificar a los hogares pobres como aquellos cuyos ingresos son inferiores al valor de una línea de pobreza. Esta estimación refleja el valor de los bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades esenciales.
Las líneas de pobreza que se emplean fueron calculadas originalmente a partir de la información sobre la estructura del consumo de los hogares, tanto de alimentos como de otros bienes y servicios, según la información de las encuestas de presupuestos familiares de la década de los ochenta y principios de los noventa. En el caso de Chile, la información provino de la IV Encuesta de Presupuestos Familiares 1987-1988.
Para computar la pobreza y la indigencia en cada uno de los años para los que se dispone de una medición de los ingresos (en Chile, para aquellos con una encuesta CASEN) debe actualizarse el valor de esas líneas originales de manera de reflejar la variación de los precios de los bienes y servicios. Para ello, la práctica tradicionalmente utilizada por la CEPAL consistía en actualizar los valores tanto de la línea de pobreza como la de indigencia considerando el cambio experimentado por los precios de los alimentos. Con esta práctica, la relación entre las líneas de pobreza y de indigencia permanecía constante.
No obstante, a partir de 2007, y para todos los países, la línea de indigencia se actualiza mediante la variación del componente alimentos del Índice de Precios al Consumidor (IPC), mientras que la parte de la línea de pobreza que corresponde al gasto en bienes no alimentarios se actualiza mediante la variación del IPC correspondiente. En consecuencia, de 2007 en adelante, la diferencia entre las líneas de indigencia y de pobreza ya no es constante.
Este cambio en el criterio de actualización de las líneas se realizó debido al notable incremento de los precios de alimentos registrado a nivel regional principalmente en 2007 y 2008, que no fue acompañado por un aumento similar en los precios del resto de los bienes y servicios. En efecto, en el caso de Chile mientras que en el trienio 2006-2009 el IPC de los alimentos creció en 32,4% el correspondiente al resto de los bienes sólo lo hizo en 6,4%.
Hasta 2006, la estimación oficial del gobierno de Chile coincidía con la de la CEPAL. La diferencia que se observa en 2009 obedece a que el cálculo del gobierno no adoptó el cambio introducido por la CEPAL, y continuó actualizando el valor del conjunto de la línea de pobreza (alimentos y otros bienes y servicios) por la variación del precio de los alimentos, tal como se venía aplicando hasta el 2006.
Lo anterior tiene un efecto particularmente relevante en Chile, debido a que su adopción modifica la tendencia de la pobreza respecto a la estimación de 2006. En efecto, si se actualiza tanto la línea de indigencia como la línea de pobreza según la variación de los precios de los alimentos, opción metodológica empleada por MIDEPLAN, la tasa de pobreza resultante es de 15,1%, lo que representa un aumento de 1,4 puntos porcentuales.
En cambio, al utilizar la variación de los precios de los alimentos para actualizar el valor de la canasta alimentaria y la variación de los precios de los no alimentos para los demás bienes y servicios, la tasa resultante es de 11,5%, 2,2 puntos porcentuales por debajo del valor de 2006.
Cabe señalar que las metodologías de la CEPAL y MIDEPLAN son iguales en lo que hace al resto de los parámetros. A su vez, la existencia de diferencias entre las estimaciones de la CEPAL y las oficiales de los países es una situación frecuente dado las distintas opciones metodológicas que suele presentarse en el cálculo de la pobreza monetaria.
(más)

Académicos del IDH realizarán seminario abierto sobre Hegel

A partir del martes 16 de noviembre de 2010 y cada quince días, los profesores Ricardo Camargo, Juan Manuel Garrido y Juan Ormeño conducirán un seminario abierto de lectura sobre la Ciencia de la Lógica de Hegel. La actividad tendrá lugar en el Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales (Ejército 278, patio interior), entre las 16:00 y 18:00 hrs. La entrada es liberada.
En el seminario, se intentará llevar a cabo un análisis sostenido, detallado y de textura abierta de esta magna obra del filósofo. No sólo se buscará leer a Hegel desde Hegel sino también desde otras referencias filosóficas tales como las aportadas por Marx, Heidegger, Lacan, Derrida, entre otros. Las tres primeras sesiones serán conducidas por los profesores Ormeño, Camargo y Garrido, respectivamente, y versarán sobre los siguientes pasajes de la Ciencia de la Lógica de Hegel:
Martes 16 de noviembre de 2010: Prólogo a la Primera Edición y Prólogo a la Segunda EdiciónMartes 30 de noviembre de 2010: IntroducciónMartes 14 de diciembre de 2010: Libro Primero. La Doctrina Del Ser. ¿Por Dónde ha de Hacerse el Inicio de la Ciencia?
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Expertos discuten buenas prácticas para la intervención de niños en situación de calle


En el encuentro, que participaron más de 150 profesionales del área de la infancia, fueron presentados los datos del Observatorio de niños, niñas y jóvenes en situación de calle, instancia que coordina el Centro de Políticas Públicas UC.
El miércoles 10 de noviembre se realizó el seminario: “Compartiendo buenas prácticas de intervención en infancia en vulnerabilidad: Niños, niñas y jóvenes en situación de calle y/o víctimas de explotación sexual comercial”. En el evento organizado por Sename y la Fundación San Carlos de Maipo participaron más de 150 profesionales y educadores que trabajan directamente con niños, niñas y jóvenes en situación de calle y/o víctimas de explotación sexual comercial, o bien en situación de vulnerabilidad.
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Concurso de Políticas Públicas abre nueva convocatoria para su versión 2011

Las propuestas serán recibidas hasta el 29 de noviembre de 2010.
El Concurso de Políticas Públicas está orientado a proyectos interdisciplinarios que aborden políticas públicas, y que aporten soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad. Su objetivo es fomentar la participación de la UC en el análisis, discusión y elaboración de propuestas que promuevan el desarrollo social, económico y cultural del paí. La interdisciplina está motivada por la posibilidad de resolver problemas complejos de política pública e interactuar con pares de distintas áreas externas a la universidad.
Aquí puede ver las propuestas del Concurso de años anterioresEl Concurso se caracteriza por ser una instancia de diálogo interdisciplinario e intercambio de conocimientos entre la academia y el mundo de lo público, ya que convoca actores del ámbito legislativo y ejecutivo, privado y de la sociedad civil a reflexionar respecto al diseño de las propuestas de política pública que se desarrollan en el marco del presente Concurso.Las propuestas podrán ser enviadas hasta el 29 de noviembre de 2010. Los equipos seleccionados deberán comenzar el desarrollo de sus proyectos en enero del 2011 y tendrán hasta octubre de ese año para entregar una propuesta de política pública.Aquí están disponibles bases y formularios del Concurso de Políticas Públicas 2011

Mecanismos de descentralización y accountability fueron analizados en seminario conjunto entre la UC y la UCH

Durante el lunes 15 y el martes 16 de noviembre se realizó el Seminario Internacional “Implementación de Políticas Públicas a Nivel Subnacional: Casos y Diseño Institucional”, evento que reunió a destacados expertos nacionales e internacionales.
El Centro de Sistemas Públicos de la Universidad de Chile en conjunto con el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica, convocaron a este evento, que reunió a diversos profesionales del sector público, con el objetivo de fomentar el debate en torno a la gestión municipal y regional. (más)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Viviana Zelizer se presentará en Cátedra Norbert Lechner



El próximo miércoles 24 de noviembre se llevará a cabo la tercera versión de la Cátedra Norbert Lechner de 2010. Durante el evento se presentará la doctora en Sociología de la Universidad de Columbia, Viviana Zelizer. Reconocida por su trabajo en la investigación de la sociología económica, Zelizer es académica de la Universidad de Princeton desde 1988 y ya ha publicado varias obras, entre las que destacan Morals and Markets: The Development of Life Insurance in the United States (1979), Pricing the Priceless Child: The Changing Social Value of Children (1985), The Social Meaning of Money: Pin Money, Paychecks, Poor Relief, and Other Currencies (1994) entre otras. (más)

martes, 16 de noviembre de 2010

Seminario Emprendimiento e Innovación Social.


El capital humano en el sector público

En los últimos años se han desarrollado importantes avances hacia la creación de un Estado moderno, no obstante, es necesario consolidar reformas institucionales que ahonden en las políticas relativas al capital humano, ya que éste una de las bases de un Estado efectivo y eficiente. A partir de esta premisa y con la presencia de Francisco Gaetani, Secretario Ejecutivo Adjunto del Ministerio de Planificación, Presupuesto y Gestión de Brasil, se realizó el lanzamiento del documento “Personas en el Estado: Hacia un país de clase mundial” (descargar documento), elaborado por el Consorcio para la Reforma del Estado con el fin de presentar una propuesta en el área de gestión y carrera pública para las personas que trabajan en el Estado en cargos no directivos. (más)

lunes, 15 de noviembre de 2010

jueves, 11 de noviembre de 2010

Visitadoras Sociales: Oficios imposibles.

Ninguno de los géneros literarios ha brindado más materia de controversia y reflexión como aquel compuesto por la denominada “literatura gris”. Oí usar esa expresión a Saül Karsz en una de sus visitas a Chile y me impresionó la ironía y la verdad contenida en ella. Se refería, por cierto, a los millares de expedientes y registros que demandan ciertas asistencias a desamparados.

Son miles de palabras que se acumulan en los expedientes rotulados con los nombres y apellidos de esos desconocidos, que por tal o cual circunstancia, llegan a declarar a las oficinas de asistencia social. Ríos de tinta, kilómetros interminables de palabras que llevan todas a Kafka.

La literatura gris, sin embargo, no deja de ser un testimonio del hacer encarnizado de los interventores y la férrea resistencia de sus públicos. A pesar de ello y favorablemente para ambos la lucha va quedando registrada en miles de documentos, papeles y relatos.

Puedo detectar una cierta pasividad en el hecho que exista la literatura gris, en cierta medida el expediente, en alguna parte, viene a ser una especie de ortopedia imposible, puesto que lo que sucede entre el Trabajador Social y su público, aún cuando se registre, es algo que no se agota ni en uno, ni en otro ni en ambos. El pensar sostenidamente en esto me ha llevado a afirmar que la literatura gris (ya sea en su vertiente virtual o documental), es un ejemplo paradigmático de la pérdida de sustancia del oficio o lo que es lo mismo, pérdida de su horizonte de imposibilidad.

Cuando digo oficios imposibles me refiero a aquellos que cuentan con un contendor imposible: la medicina en su lucha contra la enfermedad y la muerte; la pedagogía y su lucha por el pensamiento propio y el Trabajo Social y su enfrentamiento a la cuestión social. ¿Qué ha sucedido con estos oficios imposibles para que hayan decaído y dado forma a la literatura gris, esa especie de justificación diletante más cercana a la comedia o el drama que a la épica?.

Han perdido peligrosidad, se han vuelto oficios normalizados y dispuestos a acatar a los poderosos; en cierta medida han perdido de vista su contendor: el Imposible.

En este punto cabría repetir una vieja pregunta a los ejecutantes: ¿Por qué uno (a) es Trabajador Social?, ¿Por qué uno (a) se involucra en un oficio imposible?.

Sin duda la respuesta estará lejos de ser unívoca, correcta o incorrecta, mi afán es únicamente ponerla en la mesa, sin embargo, resulta evidente que uno no es, por ejemplo, los lugares en los que trabajó (asistente social de la municipalidad tal o del consultorio cual), sino, tal vez, lo que intentó, en lo que fracasó y nada más. Hablar de éxito en lo social es cuestión de mala fe.

Ángel Marroquín Pinto
Trabajador Social
Magíster en Trabajo Social
P.U.C

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El retorno de un amateur de bibliotecas. Raúl Ruiz


Intimidad







martes, 9 de noviembre de 2010

Seminario Internacional “Implementación de Políticas Públicas a Nivel Subnacional. Casos y Diseño Institucional”

El Centro de Sistemas Públicos de la Universidad de Chile, en conjunto con el Centro de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica, ha organizado el Seminario “Implementación de Políticas Públicas a Nivel Subnacional. Casos, y Diseño Institucional”, que se realizará los días 15 y 16 de noviembre, en el Salón Gorbea de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de chile, Beauchef 850, Santiago.

Durante el día lunes 15, se analizará la Descentralización y los grandes marcos o consideraciones estratégicas a tener en cuenta para el caso de Chile, tanto a nivel institucional o político. Expondrán acerca de este tópico desde sus diferentes aspectos Jaime Pilowsky, secretario ejecutivo, Asociación Chilena de Municipalidades; Mario Waissbluth, Director Académico de Centro de Sistemas Públicos; Merilee Grindle, especialista en análisis comparativo en diseño e implementación de políticas públicas y gestión pública en países en vía de desarrollo, con especial foco en Latinoamérica; Patricio Aroca, Director del Instituto de Economía Aplicada Regional(IDEAR) de la Universidad Católica del Norte; Javier Fuenzalida, Director de Desarrollo del Centro de Sistemas Públicos, Universidad de Chile.

En la jornada del martes 16, el debate se centrará en Accountability para gobiernos locales y sistemas educativos, y se analizarán casos de implementación de políticas de protección social a nivel local. Para esta instancia, contaremos con las intervenciones de Izabella Barati-Stec, Ph.D., Universidad de Corvinus, Hungría; Pablo González, Profesor Ingeniería Industrial Universidad de Chile, Investigador Proyecto ANILLO en Implementación de Políticas Públicas; y Angélica Pavez y Valeria Sánchez, Investigadoras ANILLO, U. de Chile, Centro de Sistemas Públicos. (más)

Lanzan Catastro fotográfico de la inmigración peruana en Chile

El libro Catastro Fotográfico de la Inmigración Peruana en Santiago es una invitación para ver y conocer, una parte poco explorada, del Gran Santiago. Los autores del libro han hecho un minucioso recorrido por los diferentes lugares y momentos de los inmigrantes peruanos y peruanas en Santiago: trabajo, tiempo libre, religión, culinaria, entre otros.

El libro es un gran aporte para la sociedad chilena, porque nos permite conocernos y re-conocernos, mediante imágenes, lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. (más)

Lanzamiento libro: VÍNCULOS AFECTIVOS, MENTES CONECTADAS uqbar